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Tras horas de esfuerzo, uno solo escucha el sonido del propio cuerpo, de su respiracion, de sus latidos. Y la cumbre, inerte, muda, ni nos recibe ni nos rechaza. La luz se ira; inclinando, las sombras azuladas comenzaran a ocupar mas espacio; las nubes avanzaran con mayor o menor rapidez, silenciosas, inerciales. Y uno debera; decidir si es prudente o no descender ya o esperar un poco mas. Cuando nos hayamos ido, la roca seguira; pareciendose a la roca, el blanco esperara; a la luz para parecerse a si mismo, y nuestras pisadas irán borrándose con nieve nueva, con el viento nocturno, con el calor del sol de la mañana. Será como si no hubiéramos estado nunca. Pedro Fernández |
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Última actualización (noviembre / 2007)
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